Desde niña, la curiosidad que Remedios Varo mostró le permitió tener una visión amplia y consciente del entorno en que vivía. Su padre, Rodrigo Varo Zejalvo, se percató desde muy temprano del talento artístico de Remedios y siendo ingeniero hidráulico, decidió enseñarle los principios del dibujo, pues él consideraba que si el deseo de su hija era pintar, tenía que hacerlo de una manera metódica.
Los constantes recorridos con su padre por el Museo del Prado la dejaban expuesta a los trabajos llenos de perfección técnica de Goya, el Bosco y el Greco, hasta que consiguió años después conseguir su propio estilo pero sin abandonar la pulcritud técnica de los artistas y corrientes artísticas que le influyeron durante sus primeros años.
Fue así como Varo usó el dibujo como método para contemplar y pensar el entorno, para ir más allá de una superficialidad, transformándola en una realidad superior: una surrealidad.
Inspiración histórica
Remedios Varo nació en un pequeño pueblo catalán llamado Anglés, característico por sus cortas callejuelas donde abundan las altas edificaciones de corte románico y gótico. La arquitectura románica es reconocida por sus gruesos muros, la falta de la escultura, los arcos de medio punto y los pilares robustos, las bóvedas de aristas, las grandes torres y las arcadas decorativas. A lo largo de su obra artística, Varo asociaría los edificios y arquitectura de Anglés como parte iconográfica que usaría para la composición de sus cuadros.
La construcción más antigua del antiguo pueblo de Anglés es una pequeña iglesia del medievo que data el año 1056.



