Pocas escritoras lograron capturar la fragilidad de la vida cotidiana como lo hizo Katherine Mansfield. Su obra, llena de sensibilidad, nostalgia y detalles aparentemente insignificantes, la convirtió en una de las voces más importantes del modernismo literario del siglo XX.
Aunque vivió apenas 34 años, Mansfield dejó una huella profunda en la literatura universal gracias a sus cuentos breves, sus personajes complejos y su capacidad para retratar emociones difíciles de nombrar.
¿Quién fue Katherine Mansfield?
Katherine Mansfield, cuyo nombre real era Kathleen Beauchamp, nació en 1888 en Nueva Zelanda. Fue una escritora impulsora del cuento y de los relatos breves, además de una de las figuras más importantes del modernismo literario.
Formó parte de una familia culta y con buena posición económica, lo que le permitió desarrollarse mayormente en Londres, donde estudió música y donde más tarde comenzó formalmente su carrera como escritora. No obstante, también vivió en Suiza, Italia y Francia.
Para los cánones de la época, Katherine Mansfield era una transgresora de las convenciones sociales, principalmente por las relaciones sentimentales que mantuvo con mujeres y profesores.
Las irremediables pérdidas en la vida de Katherine Mansfield
La vida de Katherine Mansfield, más allá de ser caótica, parece tratarse de una oda a la distancia, al tiempo y a la nostalgia. Fue su padre quien le impidió dedicarse a eso que tanto le apasionaba y en lo que era tan buena: el cello. Y aunque sus creaciones literarias ganan su pedestal por méritos propios, es cierto que la literatura se convirtió en el refugio de las pasiones e intereses de Mansfield.
Cuando aún era muy joven, Katherine se embarazó de su pareja, Garnet Trowell, pero la relación terminó por falta de aceptación de sus padres. Más tarde, sufrió un aborto natural después de permanecer en un balneario alemán, donde su madre pretendía que ocultara su estado de gestación.
No se volvió a embarazar y tampoco volvió a ver a su madre, quien la rechazó desde su nacimiento.
Su primer matrimonio terminó en su propia noche de bodas y, mientras estuvo casada con John Middleton Murry, quien sería su segundo esposo, mantuvo una relación amorosa con Ida Baker, su vieja amiga, compañera y fiel amante.
Ida Baker y Katherine Mansfield, después del divorcio de esta última, vivieron en un poblado italiano, donde Murry solía visitarlas en temporadas navideñas. Mansfield se alejó un tiempo de sus grandes amores; no obstante, siempre regresó a ellos, y en su compañía se despidió del mundo terrenal.
Katherine Mansfield hizo de la enfermedad un cuento
Pese a que experimentó momentos muy difíciles, confrontativos y un tanto controversiales, los relatos de Katherine Mansfield no son precisamente un hoyo negro que inquiete al lector.
Por ejemplo, un acontecimiento que impulsó fuertemente la creación de su obra Preludio fue la muerte de su hermano, quien perdió la vida en el frente de batalla de la Primera Guerra Mundial. No obstante, en dicho texto aborda las problemáticas y desdichas de un grupo de mujeres, así como sus sensaciones, alegrías y deseos.
La excepcional sensibilidad de Mansfield se refleja en su poética narrativa, pero sin apoyarse en lo turbio de una historia o en la complejidad del asunto que la inspiró. La escritora neozelandesa es reconocida por la delicadeza de sus letras, por la fragilidad que hay en ellas y por poner en la mira de quien la lee aquellos momentos cotidianos que muchas veces pasan desapercibidos, aunque sean precisamente esos los que nos hacen ser y sentir.
“¿Qué puede hacer uno si, aún contando treinta años, al volver la esquina de su calle le domina de repente una sensación de felicidad…, de felicidad plena…, como si de repente se hubiese tragado un trozo brillante del sol crepuscular y éste le abrasara el pecho, lanzando una lluvia de chispas por todo su cuerpo?”
Sin duda, la extrañeza de la narrativa de Katherine Mansfield radica en la crudeza de sus historias y sus descripciones. Y no precisamente quiere decir que haya violencia y crueldad que escurran como sangre por sus páginas; más bien, es el hecho de mostrar emociones, sensaciones y cuestionamientos en su forma más pura, sin filtros.
En cada línea nos recuerda que la vida y su sentido están siempre al alcance de nosotros.
La inspiración realista de una joven impresionista
Katherine Mansfield estuvo fuertemente influenciada por Chéjov, de quien adoptó ciertas nociones de estilo y algunos elementos diegéticos para desarrollar sus historias.
Dedicó su carrera como escritora bohemia a describir las relaciones sociales de personas de clase media, particularmente de mujeres.
Los elementos naturales se presentan con gran constancia en los relatos de la autora neozelandesa. Éstos cuentan con connotaciones importantes, pues, a través de analogías, les atribuye características humanas y reflejos de las pasiones de sus personajes.
Este tipo de procedimientos lingüísticos también los aplica a objetos cotidianos, y es precisamente allí donde nace la majestuosidad de su sutileza. El inmenso valor que se deposita en las cosas del día a día, incluso inconscientemente, resulta en una profunda melancolía.
Katherine Mansfield expone este sentimiento en sus descripciones y en lo fantasmales que pueden parecer los finales de sus historias, tal como sus respectivos argumentos.
Si bien es necesario prestar especial atención a las alusiones que hace, Mansfield estructura sus escritos de tal forma que las evocaciones son fácilmente transpiradas por sus textos y recibidas por quien lee.



